Escribir para Existir
Los siguientes escritos nacen del fuego creativo encendido en los talleres literarios de la Editorial Pluma y Fuego: textos forjados en el ejercicio consciente de la palabra, en la exploración de la imaginación, la emoción y la técnica, donde cada autor transforma la experiencia vivida en literatura. Aquí no hay simples escritos, sino voces que emergen del aprendizaje, la disciplina y la pasión por narrar.
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NO QUIERO ESTAR EN TUS PATAS
Por: Jaina Marcela Jiménez Vargas y Boris Marcelo Jiménez Jiménez
“…¡Ayúdame, por favor!”, exclamó Burbuja mirando a la luna, esperando que esta le ayude a vivir en paz.
Burbuja es una perrita pequeña de raza mestiza, de color blanco, plomo, negro y café. Tiene tres años y le gusta jugar con su amiga Sammy, otra perrita que vive en la misma casa. Burbuja es maltratada por su dueña, llamada Estrella.
Estrella es una niña de siete años que tiene el cabello corto de color castaño. Es una niña risueña que disfruta de jugar con su hermana y su papá; también le encanta comer pizza con Coca-Cola. Ella adora a los animales, principalmente a los perros; por este motivo siempre quiere que Burbuja esté a su lado para abrazarla muy fuerte y para dormir con su perrita, sin importar que haya comido, orinado o simplemente no quiera dormir. Una vez, cuando Burbuja no quiso dormir en la cama de Estrella, su dueña le pegó hasta que la perrita fue a dormir con ella.
Ring, ring —sonó el despertador—. Burbuja se despertó y notó que podía ver todo a colores. Esto le sorprendió muchísimo, pero no era lo único extraño que sentía, ya que también le era incómodo pararse en cuatro patas. Era raro, pero podía levantarse solamente sobre sus patas traseras, algo que los perros no pueden hacer por mucho tiempo. En ese momento entró Sammy a la habitación y Burbuja se sintió aliviada de ver una cara amiga. Le dijo que se sentía muy extraña ese día, pero cuando su amiga le respondió, solo escuchó: “¡Guau, guau!”. Burbuja no entendía nada de lo que estaba pasando y cada vez se sentía más asustada.
Después de una larga noche, Burbuja sintió hambre y fue a la cocina, donde habitualmente le daban de comer. En este lugar encontró al papá de Estrella, quien le dijo:
—Buenos días, hija. Tu desayuno está servido en la mesa.
Burbuja no podía creerlo. El papá de su dueña la trataba muy bien; incluso le sirvió comida que se veía exquisita: una rebanada de pizza con Coca-Cola, y lo más sorprendente era que podía comer con él en la mesa. Burbuja pensó: estos cambios me encantan.
Todo esto parecía un sueño, uno que quería que fuese para siempre. Cuando Burbuja fue al baño, pudo ver que en el espejo se reflejaban sus movimientos, y con lo que vio en ese espejo entendió qué estaba pasando: la luna escuchó su súplica y ahora ella no sufría, pues se encontraba en el cuerpo de Estrella.
Ring, ring —sonó el despertador—. De un salto despertó Estrella. Cuando abrió los ojos, veía todo en blanco y negro. El pánico la invadió y solo gritaba:
—¡Papá!, ¡papá! ¡Algo me está pasando!
Su papá entró a su habitación, la cogió en brazos y la llevó a la cocina. La dejó en el suelo y le dio croquetas en el plato de Burbuja. En ese momento miró con terror que por la puerta ingresaba ella misma, y su papá le sirvió el desayuno a ella, tratándola con amor.
Dentro de sí sospechaba lo que estaba pasando, así que se acercó al tazón de agua de Burbuja y confirmó lo que más temía: se encontraba en el cuerpo de Burbuja.
Abrumada, fue a reclamar a la impostora, pero solo se oían ladridos en la habitación, y de tanto bullicio su papá la sacó al patio. Fue en ese momento en que Burbuja entendió que Estrella estaba en su cuerpo y que ahora ella le haría pagar por todo el sufrimiento que le causó su maltrato.
Ese mismo día, Burbuja llevó a Estrella a su habitación y no la dejaba salir. Sabía que en cualquier momento tendría que orinar, pero como no la dejaba salir, Estrella se hizo pis en la cama. En ese momento, Burbuja gritó:
—¡Papá, el perro se hizo pipí en la cama!
Acto seguido, su papá ingresó furioso a la habitación, gritando a Estrella y botándola al patio. En ese instante, la niña sintió que tal vez eso le pasaba a Burbuja en otras ocasiones y se arrepintió por todos aquellos momentos que la hizo sufrir.
Ya por la tarde, Burbuja decidió que quería dormir la siesta, por lo que agarró a Estrella y la llevó a su habitación, abrazándola muy fuerte para que duerma con ella. Pero Estrella solo se sentía sofocada con semejante abrazo y luchaba para poder respirar. Estrella se propuso nunca más hacerle eso a Burbuja; ella no sabía que se sentía así.
Cuando llegó la noche, Estrella sentía mucha hambre, pero Burbuja, que había cenado antes de que le sirvan comida a Estrella, quiso hacer sentir hambre a su antigua dueña, por lo que la llevó a dormir sin probar bocado alguno. Estrella no podía dormir de tanta hambre; esa noche sería muy larga.
Una vez que Burbuja se durmió, Estrella escuchó una voz que le dijo:
—Hoy te vi extraña. ¿Por qué le llamas papá a mi dueño?
A lo que Estrella respondió:
—¿Sammy? Ayúdame, no soy Burbuja. Algo pasó, yo soy Estrella.
Sammy le dijo a Burbuja:
—Yo no puedo ayudarte, pero la luna sí. Pídele de corazón que vuelva todo como estaba y prométele que serás buena con los animales, y ella te devolverá tu cuerpo.
Al escuchar esto, Estrella se acercó a la ventana y, mirando a la luna, exclamó:
—¡Ayúdame, por favor!
Y prometió ser la mejor dueña que Burbuja podría tener.
A la mañana siguiente sonó el despertador. Estrella abrió lentamente los ojos y todo seguía siendo en blanco y negro.

Padre e hija que comparten el acto de escribir como una experiencia íntima y formativa. A través de sus relatos, exploran la imaginación, la sensibilidad y el vínculo familiar, convirtiendo la escritura en un espacio de encuentro intergeneracional donde la palabra se aprende, se transmite y se transforma en historia.
